una vez más levanté el vaso de plástico hasta mi boca. qué bueno que habían traído hielo.
la pasé bien hasta que me fui. vomité tres veces en mi casa.
me desperté de buen humor.
acá no tengo vasos de plástico.
como una arteria bloqueada por grasa, acá no hay válvula de escape.
y a veces tengo tanto, tanto miedo de lo que podría pasar.
por eso la música. por eso, sobre todo, los libros.
libertad de viaje por mundos indefinidos sin tener que arriesgar mi apreciada persona. por qué involucrarme, si es menos dañino seguir los senderos de los renglones. además de mucho más variado. eso me digo.
sacame rápido de acá.
a veces salen los títulos antes que lo que se escribe, a veces viceversa. hoy puse el título primero, ya teniendo planeado qué plasmar. pero claro, una vez acá cambia todo. tal vez es la pantallita sedante de "crear entradas", tal vez es el cuarto, que es tan encerrado, tiene tanto para desesperarse. lo que quería decir es que cuando se escribe en segunda persona da la sensación de estar escribiendo para alguien en particular, algo más que un lector ideal, exactamente una persona. pero quién.
quiero dejar de lloriquear, quiero dejar de hacer un diario íntimo público de esto, pero la maldita ventanita, la sensación de seguridad que da exponerse así. suena contradictorio. tal vez es como le pasaba a cioran, que escribía y publicaba como mecanismo de catarsis. al menos eso decía.
realmente quisiera seguir escribiendo ese proyecto de novela que ya está tomando demasiado tiempo.
qué horror no sentir más.
no hoy.
tremenda mujer
Hace 1 semana.

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