Mostrando las entradas con la etiqueta proyecto a largo plazo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta proyecto a largo plazo. Mostrar todas las entradas

16.4.09

el diálogo del final

- ¿dónde vivís?
- vos sabés adónde vivo-, respondió, y apuntó a la sien de él con un dedo. -vivo acá.
- ja. no, dale, en serio. ¿dónde vivís?
- donde quieras. ¿dónde creés?
- creo que acá- y se señaló el pecho y se sintió un idiota por haber entrado en su juego, por haber hecho esa movida errada.
- bueno- dijo flor -vivo ahí. ¿contento?
- no. falta algo.
- y, sí. falto yo, la de verdad.
- pero hacés trampa; siempre das vuelta las cosas y nunca sé nada de vos y terminás consumiéndome.
flor alzó las cejas.
- ¿consumiéndote? vos sos el que elige vaciarse cada vez que nos vemos, el que tiene la necesidad de decir a cada momento cómo se siente, qué hizo en el día, qué va a hacer mañana. yo sólo lo recibo, pero tené en cuenta que nunca te lo pedí.
- ¿es que no ves? eso es lo que está mal.
- eso está mal porque creés que vivo ahí, en tu pecho, cuando en realidad estoy en otra parte. no sabés nada de mí y creés que sí porque desde que nos conocimos me tenías totalmente inventada, y no pienso adaptarme al papel de princesita punk que me armaste.

hubo un silencio. flor pensó que "princesita punk" había sonado estúpido. muy estúpido. si oliver mantenía la seriedad solemne que lo caracterizaba, la tensión iba a poder continuar en vez que cortarse con una carcajada mutua. pero oliver no hablaba y flor no quería abrir la boca para no reírse y lastimar al pobre muchacho que tenía enfrente. ella también lo había inventado bastante, pero más bien a la inversa. donde él la había adornado con el más mínimo detalle, ella le había marcado un halo de misterio que se había deshecho a la primera conversación. ya no le causaba gracia el diálogo. quería irse corriendo sin decir nada más, correr a su casa y encerrarse en su cuarto y salir sólo cuando su vieja la llamara para almorzar al día siguiente. pero había algo que no la dejaba ir sin despedirse.
- me voy
- bueno. ahí te abro- dijo él, y fue a buscar las llaves. ella fue hasta la puerta y lo esperó unos segundos. cuando llegó, tomo aliento y probó lo que tenía ensayado:
- oliver.. los dos sabemos que no nos vamos a ver más, ¿no?
- sí, lo sospechaba.
- igual quiero que sepas que el que inventaste fue mi papel preferido.
lo abrazó y se abrazaron y flor se fue caminando rápido, con las manos en los bolsillos.

sí, pensó oliver. también había sido su papel preferido. cerró la puerta y prendió un cigarrillo y formó circulitos con el humo. formar circulitos siempre le servía para formar historias. ya había agotado la del chico sensible de padres irresponsables. y había aprendido que la próxima tendría que ser más sutil, dejar que las cosas fluyan con cierta naturalidad antes de mostrarse del todo. es que le causaban tanto orgullo sus personajes. eso sí, lo había decepcionado un poco la transparencia de su co-protagonista en la última escena.

25.5.08

capítulo pi

- dónde metemos el cenicero..
entre el colchón tirado en el piso y las dos sillas norita pone una lata de atún abierta y sin atún, llena de cenizas y envoltorios de caramelos. se sientan los tres y no hablan. es tan cómodo a veces.
ese silencio
flor se sonríe al mismo tiempo que oliver, ninguno de los dos se da cuenta. norita no los ve ni sonríe, escucha la música, las ondas que la obligan a barrer la realidad, a reemplazarla.
una barrera que acaba de desintegrarse
por eso las sonrisas, se dan cuenta de que ese espacio es el indicado, que ese ambiente es el mejor. dos coinciden en el gesto. dos son partícipes de una coreografía que la tercera ignora, baila otros pasos con otro ritmo en otro escenario, su telón se va cerrando, vuelve y se da cuenta de que hay que irse.
- me voy.
oliver la mira con cara seria. cara de susto, de carcajada dolorosa.
nos va a dejar solos
norita se despide y parte. ellos se quedan solos.
- Oliver. tenés nombre raro, oliver.
- tengo nombre raro, flor. condenas de herencia, como si con el apellido y los genes no alcanzara. vos tenés nombre lindo.
cara roja. ¿tendré la cara enrojecida ahora?
-
nombre típico. conozco a otras diez florencias. somos plaga. como escorpio.
- escorpio.. ¿creés en el horóscopo?
- sí, qué sé yo, a veces le pegan. en lo de las personalidades también.
- para mí que es todo casualidad. ponen cosas generales para que uno crea que en serio saben de qué hablan.
- pero que sean causalidades ya es algo interesante, ¿no te parece? por más mínimas que sean llaman la atención. viene a ser algo así como eso de conocer a alguien y de pronto notar que tenés un amigo en común o un conocido o algo. es divertido, da la sensación de que hay una red que nos conecta a todos.
- a norita le encantan esas cosas. las conexiones entre las personas, los encuentros accidentales, leer un libro y que pasen cosas parecidas afuera.. siempre me muestra algún párrafo y me dice "¿ves? ¿ves? ¡justo ayer me pasó CASI lo mismo!"
- ¡ja! qué gracioso, sentí algo así cuando te crucé la semana pasada. había visto una película donde reflejaban muy bien toda la química entre las personas, parecía que se podían tocar las tensiones y esas cosas. y dos personas se encontraban en la calle y se saludaban y se quedaban medio en silencio, como cuando nos vimos esa vez, que era..
- sí, un silencio cómodo.
como ahora, casi
- claro.
entonces se empieza a formar de a poco pero perceptible. el silencio se estira y tolera el paso de toda una canción. después se pone turbio, se agita. los dos se miran al mismo tiempo, el mutismo funciona como un imán, se van acercando. esta vez los dos están en el mismo nivel. esta vez es como si hubieran decidido que nadie va a cuestionar a nadie. el misterio, el encanto y la necesidad de controlar la situación desaparecen y flor y oliver se besan y la música sigue y oliver piensa que le gusta ese tipo de silencio y flor piensa que seguro que él es de escorpio.

un hilo de frío corta su cuello a pesar de la bufanda. la posibilidad de sentir a las personas, piensa. de notar que hay algo que cambia en el aire y el tacto suficiente como para huir cuando corresponde. la duda de si los lazos harán que cualquier tirón de piolín allá lejos la sacuda o tironee. tiene que sentirlo, piensa.
después de media hora llega el colectivo. tuvo una suerte promedio. se sienta y saca un libro de su morral, abre donde tenía marcado y encuentra el párrafo interrumpido. lee y se olvida por un rato hasta que de golpe, un golpe. alza los ojos y las pupilas se reducen por exposición repentina a las luces fuertes del cartel de un supermercado gigante.
norita se acomoda en el asiento.
pum
sintió algo.
algo debe haber pasado.




(escribir para escribir
para sacármelo de adentro
después la historia y la redacción
eso es otra cosa
ya voy a aprender
ya)

5.4.08

capítulo equis

me mira, no miro. sé que me mira. sus ojos clavados en mi nariz. ahí no mira más. ahora de nuevo. qué hago, la miro. le digo "hola flor, ya sé que no sabés quién soy y que te resulta raro que sepa tu nombre. verás, la cuestión es que una amiga vive ahí enfrente de donde se juntan y nosotros nos divertimos mirándolos por la ventana y ya nos aprendimos varios nombres y ya sé que fumás lucky strike común y que no tirás los papelitos en la calle sino que te los guardás en el bolsillo de adelante de tus jeans."
mejor sólo mirarla para que desvíe la mirada. ¿y si no la desvía? ¿y si se me queda mirando qué digo? "¿hola?" seguro que es de ésas. segurísimo.

entonces faltan dos cuadras para que ella se baje y no termina de saber quién es, de dónde lo conoce. recitales, reuniones, la facultad.. quizás algún ex compañero de secundaria que no la soportaba y por eso se hace el que no la mira. realmente le molesta. igual si la mirara ella se haría la distraída, se asomaría a la ventana o guardaría el boleto en su bolsillo.

mejor me hago el que no sé nada y toco timbre. tampoco tanto drama porque es flor. más bien justamente por eso.

entonces ella se da cuenta de que es el chico ese que seguido ven entrar al departamento de enfrente, será de la novia, seguro, esa chica bajita y él tan alto, siempre las parejas así son más llamativas, aunque no parece que fueran novios, flor nunca los vio de la mano o dándose un beso en la entrada, además esas distancias se sienten, se nota cuando alguien está con alguien, cuando los químicos borbotean. se levanta de su asiento y se pone al lado del chico y no lo mira pero lo piensa

deben estar todos afuera, norita debe estar dándose un banquete de palabras ajenas, anotando frases en su bendito cuaderno, fumando como desgraciada para hacer algo mientras se clava a la ventana. qué hago, la miro y le pregunto. sí, la miro y le pregunto y le digo que la vi un par de veces, que su cara me sonaba

se abren las puertas del colectivo; oliver baja antes y empieza a caminar y apura el paso cuando la nota a flor al lado de él.

soy un cobarde.

acomoda sus pasos a una velocidad normal. cuando parece que están caminando juntos flor dobla a la derecha y se interna en un kiosco. oliver la escucha pedir un lucky común. llega a la puerta del edificio y toca timbre y ahí bajo, dice norita. él apoya la espalda contra la pared y mira a flor, que cruza la calle con un cigarrillo ardiendo en su mano. los saludos continúan cuando su amiga le abre la puerta y le da un abrazo mientras aprovecha para ver más de cerca al grupo que espía desde los aires.

5.3.08

norita y oliver y los otros

seguirlos ya sería algo bastante fuera de lo normal. en exceso invasivo, piensa. por otro lado, desconoce la reacción que podría provocar.
- veinte metros de distancia y estamos, ¿no?
- acordate de que soy alto, me ven de lejos a mí. además, esto es una locura.
- ¿qué cosa mejor que una locura para encontrarte con tu chica?
- ¿y que después me reconozca como el boludo ese que la siguió no sé cuántas cuadras? no sé, me da la sensación de que nos estamos portando un poco acosadores.
- si es tan amélie como decís lo va a entender.
- ni amélie se dejaría perseguir por personas. además, vos dijiste que era muy amélie.
- ah, es verdad. bueno, veamos si es tan amélie como digo.

1.11.07

- encontré una máquina de escribir.
- ¿dónde?
- en la casa de mi abuela.
- ¿y? ¿escribiste algo?
- no. me da no sé qué. ni sé si tiene tinta.
- yo digo que la uses o me la regales, oliverito. sabés que se acerca mi no cumpleaños. mirá, falta media hora nada más.
- yo digo que sos una aprovechadora y una apropiadora de cosas ajenas, norita. todos los días me sacás monedas para el colectivo.
- pero estimado, me estás ayudando a cumplir mi sueño de estudiante universitaria. qué sería sin vos, una ermitaña, o volvería a ser una de esas personas que para hacer cambio siempre compran en el mismo kiosquito hasta que les dicen que no tienen monedas y deciden tomarse el subte.
- podrías tomarte el subte todos los días.
- pero el colectivo es tan lindo.
- el subte es mejor para leer.
- sí, pero la gente te tose en la cara. ¿te conté de la vez que me tosieron en la cara?
- no. contame tu experiencia, por favor.
- bueno. resulta que un día me desperté tarde y vos no habías venido, así que no tenía monedas y tampoco tiempo de hacer cambio en el kiosquito de la esquina, donde todavía eran simpáticos y aceptaban mi compra de caramelos con un billete de dos pesos. fui al subte, y por supuesto era hora pico, y me inserté entre la gente y no sabés qué asco la mezcla de perfumes y sudores y todos apretados y ni siquiera sacar un libro. es más, estaba leyendo en la estación, pero cuando entré el libro quedó perdido, más abajo de la cintura, y levantarlo hubiera sido una falta de respeto y una contradicción a las leyes de física y compresión de las masas. en eso un señor me preguntó si iba a bajar, dije que no, y se produjo un intento de cambio de posiciones típico de lugar lleno de gente, ¿viste que es algo así como el rompecabezas ese donde para acomodar una ficha tenés que mover otra y así? bueno, empezó la transición y al señor le agarró una tos y en vez que mover la cabeza a un costado, paf, me tosió en la cara. así de simple.
- qué agradable. ¿te enfermaste o algo?
- no, sólo me salpicó un poco de saliva.
- y no podías usar las manos pasa secarte.
- no. pero cuando el señor se movió un poco más pasé discretamente mi cara por su hombro.
- devolución de géremenes.
- exacto. en fin, no me gusta mucho viajar en subtes.
- a mí sí. se puede leer si no viajás en hora pico.
- sí, pero a veces prefiero mirar a la gente por la ventana, y digamos que por un túnel no pasan muchas personas.
- pero siempre hay alguien adentro.
- no, no, es divertido mirar a alguien en la calle y que te miren y quedarte mirándolos. a algunos les da vergüenza, otros te sostienen la mirada, otros parecen preguntarse por qué los miran. también adentro de los colectivos; es mejor que en los subtes, será porque no estás sí o sí enfrentado.
- uh, entonces sos de esas personas..
- ¿cuáles?
- de ésas. me pasó un par de veces, suelen ser chicas que te miran y miran y miran. da la sensación de que te quieren decir algo. u ofrecer algo o invitarte a un viaje alucinante o a una experiencia inolvidable. te miran por un rato y no sabés si mirar o no, parece un juego. si se cruzan las miradas ellas cortan el diálogo invisible y desvían los ojos a la ventana o a sus manos o a otra persona y sonríen un poquito. siempre se bajan antes que uno, o uno nunca tiene el valor de acercarse a ellas antes de bajarse. e inevitablemente siempre te quedás con la pregunta de qué podría haber pasado si realmente te hubieras animado a decirles algo, si el destino habría sido el mismo o alguna otra cosa.
- solía ser de ésas hasta que pensé en las casualidades y lo terrible y probable que es encontrarse con esa persona en otro lugar.
- ¿por qué?
- porque en realidad soy un misterio de pacotilla. me gusta dejar las historias sin terminar, me divierte bajarme del colectivo y nunca volver a ver a esa persona. ejercita el imaginario, ¿viste?
- pero pensá que tal vez te perdés de conocer gente muy interesante.
- sí, oliver, pero pensá en las decepciones, en las posibilidades que se inventan en el trayecto y cuán horrorosamente chocarían con la realidad.
- qué manía, la de encerrarse en ficciones.
- mirá quién lo dice, ventanita del amor. seguro que si te bajo la persiana y te digo que vayas a hablarle bajás y te vas corriendo a tu casa.
- no, tengo monedas.
- no estés tan seguro. mañana curso temprano. ¿tenés cambio?

(t.a.i.)



sus dedos se quebraban ante cada golpe. tan acostumbrado al ordenador, pobrecito, que cuando había que escribir en serio le faltaba fuerza. después de un par de renglones, después de tres o cuatro campanitas que indicaban que había que mover la palanca, oliver aprendió a calcular la potencia y dirección de cada aporreo, de cada tecla. el traqueteo tomó un ritmo considerable, pensó en innovar el mundo de la percusión con este nuevo instrumento, aunque recordó que les luthiers ya le habían ganado de mano con el dactilófono. dejó de pensar en los sonidos y se concentró en lo que a cada movimiento quedaba impreso en la hoja. hacía tiempo que no se sorprendía tanto. ahí estaban sus palabras, tangibles, hasta con relieve, pero no era su letra y no era la distancia de la pantalla de pecé. él estaba escribiendo eso, en una hoja de papel como cualquier otra, y sin embargo se sentía tan otro sin su caligrafía. pero eso era lo necesario, lo primordial era esconder su personalidad, no iba a querer mostrarse inmediatamente.
en una pausa de escritura, donde el silencio era interrumpido sólo por los gritos de los vecinos, oliver pensó que jugar al amigo invisible a esa edad podía llegar a considerarse estúpido. estaba agregando forzosamente una dosis de fantasía que no combinaba con el preconcepto que tenía de flor. claro que era un preconcepto, y por supuesto que a mucha gente le gustaría recibir una carta simpática y anónima y en máquina de escribir. pero también era muy evidente que dados los sucesos contemporáneos, el hecho de recibir un papel carente de escritura a mano y con comentarios que daban a entender que el remitente sabía algo acerca del recipiente podía provocar un aumento en la sensación de paranoia general, y nadie quería que eso pasara.
dejar de pensar en hipotéticos futuros, pensó oliver. tampoco se estaba dirigiendo directamente a ella. sólo era una porción de escritura, sólo era una idea que se le había ocurrido al encontrar la máquina de escribir de su abuela. mandarle una carta a flor, al signo de preguntas de la calle de enfrente. le importaba mucho su reacción, mucho más porque no la conocía y la inventaba un poco todo el tiempo y porque en realidad nunca podría saber con certeza qué pensaría ella de la carta a menos que, claro, oliver se animara a hablarle. pero no, no era el momento apropiado. entonces lo mejor era seguir escribiendo, pensar en ella pero dejar de pensar en sus posibles reacciones, dejar de imaginarla usando un vestido inexistente, dejar de recordarla riendo porque sólo había visto su media sonrisa un par de veces, no pintarla como esos dibujos para chicos.
volvió al ritmo de antes; los gritos se habían apagado y sólo el velador a su derecha iluminaba sus manos, cuyas falanges se quebraban a veces, cuando la palabra que había elegido no lo convencía o cuando se le hundía un dedo en las entrañas de la máquina, que manifestaba su descontento erizando cinco, seis sellos al mismo tiempo, dejando una marca rasguño en la hoja blanca y sin renglones.

14.10.07

antes de lo que pensaba..

- Oliver.

- Norita.

- Oliver.

- Norita.

- Oliver Oliver, ya es hora de hablar etílicamente. El volumen de alcohol en nuestra sangre es el indicado.

- ¿y cómo has llegado a tal conclusión, Nora Norita? Ya tomamos tanto como otras noches, pero si eso es lo que le indica que hemos llegado al punto pues, querida amiga, debo decirle que ha caído en la inducción.

- Oliver estimado, no sólo analicé la cantidad de líquido ingerido, sino que tuve en cuenta muchas variables as well. For instance, ya me oís combinando idiomas. Secondly, veo las luces tenues y la música es penetrante. Last but not least, Oliverito, tu nariz enrojecida me informa que, después de numerosas ingestiones, el whisky finalmente ha surtido efecto en tu persona.

- Mire usted, doña Nora. La felicito por su apreciación global del efecto de este brebaje en los presentes. Más nos vale apurarnos a encontrar un tema de conversación, o puede ocurrir que la tristeza nos encuentre en blanco, y yo sé muy bien que usted, apreciada compañera, siente las visitas de la tristeza como muy pocos.

- Gran, grandísima idea. Yo tengo un tema.

- ¿Y a qué se debe esa pausa? ¿Acaso no lo va a introducir? ¿No encuentra las palabras apropiadas? Puedo apropincuarle un manual de dialéctica que me regalaron el año pasado.

- Paso, gracias, las palabras están presentes.

- ¡Entonces diga algo, Norita! El curso de dialéctica no amplió mis horizontes intelectuales tanto como para practicar la telepatía. Lamento decepcionarla si ése era su pensamiento, querida, pero leer mentes no es algo que me resulte fácil. Mucho menos con su persona, Norita. Entrar a su laberinto encefálico debe ser como si a Teseo le sacaran el piolín en medio del camino.

- Como siempre exagerás, Oliver. Pero te quiero y aprecio tus cumplidos y esta víspera la noto teñida de sinceridad, por lo que te cuento mi tema de conversación: un secreto.

- ¿Un secreto? ¿Y me lo dice así, tan tranquila? Imagino entonces que ha de ser un secreto bobo-

- ¡Alto! Palabra no admitida para horario etílico. ¿Reemplazos?

- ¿No puedo decir bobo? Discúlpeme usted, que lee a Cortázar, que lo tiene tan en un pedestal, el tipo usa la palabra sonso constantemente.

- Entonces sonso será un buen reemplazo de bobo.

- Usted y sus quisquillosidades y elitismos, Norita… será un secreto sonso, pues. Hubiera preferido no caer en una aliteración a estas horas de la noche.

- ¡Pero si es la hora más indicada! Nada menos que las dos a eme, treinta y siete minutos y ya deben haber pasado unos quince segundos desde que hiciste la aliteración. Fue un horario perfecto.

- Bien. Cuénteme su secreto entonces.

- No. Me cansé de postergarlo. Mejor miremos por la ventana, que parece que a los de allá también les tocó la hora alcohólica.

- Nora Norita Voyeuse.

- Oliver Obviamente Enamorado, miremos por la ventana a tu doncella y a ver qué hace, qué dice.

- No vale que me lea así.

- ¡Hombre, es evidente! Ahora, intentemos escuchar al menos una fracción de diálogo así la inventamos un poco más, que es tan divertido…

- Yo no quiero inventarla, estimada amiga, necesito conocerla en serio. El dibujarla sólo arruina la sorpresa que va a ser tenerla enfrente mío.

- ¿Entonces qué hacés en mis aposentos, Oliverio sin poesía, en vez de bajar, saludarla, actuar cual caballero e invitarla a tomar algo?

- Me temo que sus visiones con respecto al amor se encuentran un poco fuera de fecha, Norita Vintage. Los pañuelos son descartables, imagínese si un hombre levanta esa asquerosidad de bacterias y mucosidades hasta las narices de quien sopló hace un instante. Toda una catástrofe.

- Qué tragedia para los congelados en el tiempo. Qué triste para tantos, Oliver, que esperamos tanta literatura de los demás y en cambio recibimos una seducción de cuarta contra la pared más gastada del bar.

to dare or not to dare

estoy leyendo un libro que me prestaron. se llama el loro de flaubert, lo escribió un británico llamado julian barnes. es un libro muy interesante, una especie de recopilación de datos acerca de flaubert (de quien, debo confesarlo, nada he leído) contados por un aficionado ficticio o tal vez no tanto. interrumpí la lectura cuando terminé un capítulo llamado "los apócrifos de flaubert", donde se enumeraban distintos proyectos de novelas que el escritor nunca llegó a hacer. me encantó la idea, tal vez porque siempre junto proyectos de pseudonovelas o semicuentos que sé desde el principio que son apócrifos.
eso sí, tuve que buscar la palabra apócrifo en el diccionario. según la rae: (Del lat. apocry̆phus, y este del gr. ἀπόκρυφος, oculto). adj. Fabuloso, supuesto o fingido.
fantástico, ¿no?
y de más está decir que es terrible la forma en que se me pega la forma de redactar de ciertos escritores. porque esto de casi dirigirse a un hipotético lector, esto no lo suelo hacer yo. o tal vez sí, pero suele ocurrir que el lector ideal termino siendo yo, y en este caso quién es, quién será, en este caso imagino a interlocutores que bien pueden no ser yo. la vidurria, las bandurrias y el plagio involuntario.
en fin. tal vez una enumeración de proyectos fallidos, o bien puede ser un intento para ponerme de una vez a escribir eso que tengo planeado desde hace tanto.
pero ya gasté los personajes. por completo. ya los conozco, ya no me sorprenden, me aburrieron. la historia sigue agradándome, aunque claro, la cambié varias veces. no sé si incluir aerosol o pintura al agua, látex, esmalte sintético fuera de la lata, cutters preparados para hacer arte. después están los personajes principales, que se llaman nora y oliver, y que a pesar de esos nombres son jóvenes. ahí están, no saben muy bien qué hacer, ella tiene tendencias al voyeurismo mientras que él está enamorado desesperadamente de una chica a quien llaman flor, que se junta con un grupo de amigos justo enfrente de la casa de nora, posición casualmente perfecta como para que el enamorado mire a la muchacha interrogante, excelente como para que la tímida amante de las interacciones ajenas sacie su intriga diaria.
por supuesto, en el medio tenía pensado un argumento. era una historia que me caía bien. ya tenía el final, algunas partes del medio, la había armado de a poquito, todavía tenía tantos huecos. empezó a principios de año y nunca la seguí mucho. siento que me falta algo. me da la sensación de que el estilo solemne que suelo usar, esa cosa de tomarme tan en serio tantas cosas puede perjudicar la historia de una forma atroz. hay que tener mucho cuidado con cómo se escribe, cómo se cuentan las cosas. o tal vez no.
lo más probable es que yo sea una cobarde. y tenerle terror a la posibilidad de meterme en un proyecto a largo plazo, terminarlo y notar que fue una basura. abandonar antes de empezar.
si en dos meses no cambio esta posición rifo el argumento de una novela tonta y típicamente posmoderna, trillada, sonsa, probablemente aburrida, plagiosa, con guiños inútiles y final simpático. pidan sus numeritos. son gratis.

12.8.07

fracción de novela inconclusa, o de cómo los resignaditos están petrificados en donde los dejé

-Vamos, cariño- dice Flor con una voz ronca por el tabaco, grave y afinada por el whisky. Finge un acento neutral, de ésos que se escuchan en las series dobladas al castellano. Sus dientes centellean en su asomo de sonrisa, la miro y no termino de entenderla. Pensé que si le hablaba, si acudía a las herramientas necesarias para llegar a una amistad lograría saber algo más acerca de ella, pero sigue tan hermética como antes. Conseguí saber su nombre, su edad, esas trivialidades que tanta importancia se les da hoy en día. Por medio de diálogos me contó lo que estudiaba, su trabajo por la mañana y sus salidas por la noche, vino a mi departamento, miró mis fotos y escuchó mi música, se sentó en mi lugar sin previo aviso y desde el principio logró invertir los papeles. Quería estudiarla, adivinarla de a poco y terminar conociéndola hasta las entrañas, y sin darme cuenta, al responder sus preguntas, al elaborar mis comentarios y pensamientos con la necesidad de que se quedara, de que no se aburriera, me fui desnudando, arrancando pedazos de mí y ofreciéndoselos en dosis desmedidas, le regalé mis secretos con la esperanza de recibir algo a cambio, algo que es tan diminuto en comparación a lo que esperaba. Le di todo lo que pretendía que ella me entregase, y ella hizo todo lo que yo tenía planeado hacer. Así termino expuesto en mi propia casa, explicándole por qué me siento siempre miserable, por qué tengo los ojos hundidos en mis ojeras permanentes. Ella dice “vamos, cariño”, y casi parece que va a decir algo para hacerme sentir mejor, casi parece que va a compartir una experiencia personal para discutirme, al menos para hacerme pensar de otra forma, pero después se queda callada y el silencio que le sigue, acompañado de su mirada de ojos entrecerrados y su casi sonrisa, es una invitación, una obligación a que yo siga armando mi red de pensamientos. Entonces tomo lo que me queda en el vaso, más hielo derretido que alcohol, y le cuento sobre cuando me quedé encerrado en mi casa a los seis años, esperando que mis viejos se acordaran de que yo estaba ahí adentro, que su hijo nacido accidentalmente tenía hambre y tenía miedo y se lo habían olvidado y no sabía dónde estaba su casette de xuxa y a veces parece hace tan poco, le digo. A veces me acuerdo de mis viejos jóvenes, más que ahora, y parecían tan felices, pero después escuchaba los llantos detrás de la puerta del baño y notaba la tensión en ciertas cenas, y carraspeo y dejo de hablar con la esperanza de que la luz del velador no haga notar mis ojos humedecidos. Flor se levanta de mi silla, se acerca adonde estoy y me pone una mano sobre los ojos. La saca, se sienta a mi lado y me cubre la cara con sus dos manos, una tibia y la otra fría por el vaso que sostenía hasta hace unos segundos. Se siente tan bien, la mano fría se va calentando por el contacto con mi cara y por la sangre que fluye adentro y tengo los ojos cerrados y desearía quedarme así por años, pero ella me saca la máscara de carne y cuando abro los ojos está tan cerca, su nariz blanca apenas a unos centímetros de la mía, su vista dirigida a mi interior, su mirada tan inquisidora como me hubiese gustado tenerla, ella invirtió los papeles y yo la dejé actuar. Se queda a esa distancia imprudente, parece esperar una reacción de mi parte. No sé si besarla o sonreírle o abrazarla o alejarme tarareando la música que sigue sonando a pesar de no haberla escuchado antes. No sé si hacer lo que mi voluntad reclama o lo que ella quiere que haga. Me quedo quieto por un rato hasta que le acaricio la cara mientras me alejo con discreción, me siento más derecho, comento algo más acerca de mi infancia, esta vez sin pensarlo mucho, como para disipar el aire tenso que se había generado. Flor desvía la mirada, ahora seria, todavía callada. Enciende otro cigarrillo y exhala el humo lejos de mí. Pregunta quién es el intérprete de la canción y le respondo aunque tengo la certeza de que ya sabe de quién se trata. No termino de entenderla.

6.4.07

fragmento

(...)
pero esa noche las situaciones circundantes y la forma de recepción de las mismas por parte de norita hicieron que su estado anímico se hundiera en forma de ojeras y encierros. nadie la había llamado para hacer algo, las llamadas que había hecho no habían tenido resultados favorables y la perspectiva de salir sola no la atraía en absoluto. desde el atardecer ya presentía cómo iban a ser las horas siguientes, y quizás por darse la razón decidió frustrarse como tan bien le salía, comiendo nada, fumado un cigarrillo detrás del otro, angustiándose por la falta de dulces en la casa, porque los dulces son una gran compañía en noches así. pero no, ni chocolates ni caramelos, ni siquiera galletitas.
después de cerrar la puerta de la alacena encendió otro cigarrillo, abriendo la ventana para que la casa no se llenara de humo. sentada en una silla escuchaba la música que venía de su dormitorio, cerrando los ojos de vez en cuando e inhalando el tabaco con desgano. en un momento alzó la vista y vio que, aunque su mecanismo de eliminación de humo había resultado efectivo, también había habilitado la entrada a una comunidad entera de mosquitos y otros insectos. encendió una espiral y el olor nauseabundo se mezcló con el del cigarrillo para lograr una fragancia aún más intolerable. y no sólo eso resultaba molesto, sino que el repelente no parecía causar ningún efecto a los mosquitos instalados cómodamente en las paredes y el techo. en su encierro norita tramó un plan de eliminación de invertebrados; se levantó, fue a la cocina a buscar el insecticida en aerosol y roció el aire de su living con la sustancia. cuando veía algún mosquito que parecía no haberse sentido afectado por el veneno obedecía al "presione aquí" que tienen las latas para que el mecanismo se active y ahogaba al bicho hasta verlo caer haciendo firuletes. sólo después de haber llevado el veneno de nuevo a su cocina y de haber vuelto al living se percató de la peste que había logrado. el aire estaba prácticamente irrespirable. se cubrió la boca y la nariz con el cuello de la remera, cerró la ventana y se refugió en su cuarto, frente a la pc. pasaron unos minutos hasta que el hedor llegó a esa habitación, y norita se quejó y sintió que caía un poco más abajo, que aunque las cosas podían empeorar no lo consideraba un argumento para que su malestar no se manifestara en ese instante. optó por subirle el volumen a la música y encerrarse en el baño, donde la nube de veneno no había llegado todavía. después de unos minutos empezó a disfrutar del momento, a pensar en lo memorable de esa noche y, con ganas, encendió un nuevo cigarrillo y empezó a cantar junto al intérprete, sacándose de a poco la tristeza y dejando de pensar en lo que la rodeaba, o, mejor dicho, sabiendo que las cosas que la rodeaban en ese momento eran las paredes del baño y la música y que se encontraba protegida de los hedores del resto de su departamento. al principio del estribillo sintió que estaba a punto de sonreír, tomó aire para cantar la parte que más le gustaba y se quedó gritando sola y en la oscuridad. no podía huír de su día. la luz se había cortado en el mejor momento de su canción y norita sintió que alguien o algo le estaba tomando el pelo. se agarró las rodillas y empezó a llorar sin lágrimas, dejando escapar sollozos de bronca e impotencia. golpeó el piso con los puños y los pies hasta que recordó que alguien vivía un piso más abajo y dejó de hacerlo. ya no tenía tristeza, ahora había mutado en furia en su estado más puro, y tenía ganas de gritar, de golpear cosas, de tirar el veneno y la espiral y la computadora desde la terraza. puteó resignada, se incorporó en la oscuridad y caminó tanteando hasta el living, aguantando la respiración hasta que llegó a la ventana, donde inhaló un aire húmedo y sucio, pero seguramente no más dañino que el que invadía su departamento. miró enfrente y, por supuesto, había electricidad del otro lado de la calle. suspiró un par de veces y las lágrimas que no habían salido en el baño hicieron acto de presencia ante la ventana. su cubrió la cara con las manos hasta que escuchó un silbido desde abajo. se asomó un poco y ahí estaba él; como si hubiera esperado hasta el punto de quiebre, hasta ese instante en que norita pensaba en lo fútil que era todo. es que, claro, él estaba ahí para contradecirla en cada palabra, oliver era de esas personas que hacían preguntas no sólo para saber más, sino que para inducir al razonamiento. norita bajó a abrirle y se internaron los dos en el mundo paralelo en que se había convertido su departamento. oliver la abrazó un rato mientras ella terminaba de llorar, dijo un par de chistes y su buen humor logró desarmar la coraza depresiva que ella había ido construyendo. decidieron encender una vela y encerrarse en el baño, que todavía se mantenía inmune de los tóxicos varios. hablaron por horas, la vela se consumió y siguieron la conversación en la oscuridad hasta quedarse dormidos contra la puerta, tapados con toallas para abrigarse.